Él perfeccionismo neurótico supone una barrera que nos impide lograr la verdadera felicidad

Nos esforzamos día a día por alcanzar metas imposibles. Queremos ganar más y más dinero, parecer más jóvenes, vivir una vida plena y destacar en nuestra área de acción. Sin embargo, Tal Ben-Shahar, profesor de Psicología Positiva en Harvard, afirma que la búsqueda de la perfección es el principal motivo de nuestra infelicidad. Pero ¿debemos dejar de marcarnos metas más altas? ¿abandonar nuestros retos? ¿es bueno el conformismo? Lo que el profesor propone es aprender a diferenciar entre el perfeccionismo neurótico y el perfeccionismo positivo u optimalista. Para alcanzar la felicidad debemos disfrutar del éxito, apreciarlo, agradecerlo, pero también aceptar el mundo tal como es.

Él perfeccionismo neurótico una barrera que nos impide la verdadera felicidad

Fuente: CC0 Public Domain

La auténtica felicidad no excluye cierta medida de malestar emocional y de dificultades, que algunos libros de autoayuda y algunos psicólogos intentan eludir. La felicidad involucra nuestra capacidad de superar obstáculos. Como decía Viktor Frankl: “Lo que necesitamos no es vivir sin tensiones, sino la fortaleza para alcanzar las metas situadas al otro lado de ellas. Lo que necesitamos no es librarnos de las dificultades a toda costa, sino encontrar un significado propio a la vida que nos merezca la pena”.

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El hecho de que la riqueza, el prestigio y otras medidas de éxito tengan poco que ver con los niveles de bienestar apunta a una situación muy concreta, y es que la felicidad depende mucho más de nuestro estado de ánimo que del estado de nuestra cuenta bancaria. Una vez que satisfacemos nuestras necesidades básicas – comida, vivienda, seguridad-  el nivel de bienestar dependerá de aquello en lo que decidamos poner nuestro foco de atención y de la interpretación que llevemos a cabo sobre los acontecimientos externos ¿Vemos el fracaso como el fin del mundo o como un momento de aprendizaje? ¿Consideramos que el vaso está medio lleno o medio vacío? ¿Apreciamos lo que tenemos y lo disfrutamos o permanecemos en la constante queja y no lo valoramos? Cuando aprendemos apreciar lo bueno que tenemos, lo bueno aumenta y tenemos más de ello.

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El antídoto al perfeccionismo neurótico es la aceptación de la realidad tal como es. Cuando no aceptamos el fracaso estamos evitando las dificultades y el esfuerzo y estamos perdiendo verdaderos momentos de aprendizaje y desarrollo; cuando no aceptamos las emociones negativas, acabamos pensando en ellas de manera obsesiva, las magnificamos y caemos en un bucle del que nos cuesta salir. El perfeccionismo extremo se convierte en una verdadera carga en nuestra mochila de la vida. ¿Por qué no somos un poco menos exigentes con nosotros mismos y aceptamos que el éxito o el fracaso forman parte de una vida plena y gratificante, y que experimentar temor, celos, rabia, y, en ocasiones, no aceptarse a sí mismo es simplemente humano?

Rita González

Psicoterapeuta